En los últimos años el poker está creciendo a velocidades insospechadas. Si bien el Texas Hold’em es el juego con más adeptos en todo el mundo, antiguamente se jugaba más al Seven Card Stud, un juego donde cada jugador recibe 7 cartas, dos de ellas cubiertas y las otras cinco descubiertas.
El repartidor o dealer, reparte tres cartas a cada jugador, después que cada jugador abone el “ante”, una apuesta obligada para cada jugador que quiera que se le repartan las cartas. Las dos primeras cartas se reparten tapadas y la tercera destapada y visible para el resto de jugadores. El jugador con la peor carta vista ha de poner una apuesta obligada conocida como “Bring In”. El valor de las cartas es del 2 al A y en caso de empate el órden ascendente es trébol < diamante < corazón < pica. Por lo tanto, la peor carta es el 2 de trébol seguido del 2 de diamantes y así sucesivamente.
Los siguientes jugadores decidirán si ven esa apuesta obligada, se retiran o suben la apuesta. Después de la cuarta carta (también destapada), el jugador que tiene mejor jugada entre sus cartas vistas habla en primer lugar y decide si pasar o apostar, después lo harán el resto de jugadores. Un jugador que tenga una pareja de mano vista (por ejemplo, QQ) podrá apostar el doble que una apuesta normal. A partir de la quinta calle en adelante, las apuestas son dobles. La quinta y la sexta carta también se reparten descubiertas y la última carta y séptima se reparte tapada.
La jerarquía de jugadas es exactamente igual que en otros juegos de poker. Cuántos más jugadores haya en la mano mejor jugada habrá que ligar para ganar y los proyectos ganan enteros. En cambio, en las manos donde se disputan entre dos jugadores, hay que presionar al contrario si las cartas destapadas son sensiblemente peores que las nuestras, no vamos a dar cartas gratis y que consiga ligar una jugada mejor que la nuestra.