Si un jugador realiza faroles constantemente es normal que al final le cacen, y le van a pagar con poca cosa. También ocurre el efecto contrario, si un jugador está acostumbrado a enseñar siempre buenas manos, cuando haga un farol, nadie va a dudar de su sinceridad. La cuestión está en encontrar la frecuencia óptima para marcarse un farol y que los rivales no se percaten de ello.
Podemos clasificar los faroles en dos clases: faroles con cartas por salir y faroles después del river. Cuando restan una o más cartas por salir, muchas veces no podemos hablar de faroles absolutos sino de semifaroles (aquellas jugadas débiles pero que tienen posibilidad de mejora). Un ejemplo de semifarol, podría ser apostar de cara después del flop con un proyecto de escalera a una punta (una escalera que solo se completa con una determinada carta).
Los faroles totales con cartas por salir tienen algo de sentido si se realizan con botes grandes, o cuando sale una carta alta, por ejemplo el as, y creemos que el contrario no tiene ninguno, y nosotros no tenemos absolutamente nada. El otro tipo de faroles es cuando ya no hay más cartas por salir. Muchas veces apostando después del river, es la única manera de llevarse la mano, aunque puede salir muy caro, sobre todo si el bote hasta entonces era grande.
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