El gran atractivo del poker radica en que es un juego de apariencia muy sencilla, aunque en realidad es completo y está lleno de sutilezas. Las reglas básicas son muy simples, todo el mundo puede aprenderlas en unos minutos, incluso los jugadores novatos llegan a creerse que ya son muy buenos al cabo de unas horas de juego. Esta aparente sencillez del juego del poker es la que induce a los jugadores principiantes a creerse que son buenos y eso es lo que hace muy rentable este juego para el jugador experto. Si juegas a billar o al ajedrez, rápidamente te das cuenta de tu inferioridad ante jugadores experimentados, pero en el poker, los jugadores perdedores vuelven una y otra vez a sentarse en las mesas a regalar su dinero y culpan de sus derrotas a la mala suerte que tienen o a que no reciben buenas cartas, pero nunca a que juegan mal.
Bien es cierto que hasta los mejores jugadores pueden tener mala suerte en una partida puntual. En la final del campeonato del mundo de poker de 1981, Bobby Baldwin tenía una enorme ventaja sobre los otros ocho jugadores que quedaban en el torneo. Dos manos terribles le llevaron a la derrota, en ambas, el rival ligó una Q en la última de las cartas comunitarias cuando sólo quedan dos Q en las 44 cartas por repartir. Solamente tenía un 4% de probabilidades de perder esas manos, pero las perdió en los dos casos. No obstante, estos reveses inesperados, llamados “bad beats” (sufrirás un “bad beat” en las manos que pierdas inesperadamente teniendo una alta expectativa de victoria. En muchas ocasiones, los “bad beats” se producirán con la última carta comunitaria. Las historias de bad beats son tema habitual en los foros de poker) sólo los pueden sufrir los buenos jugadores. Cuando uno es un buen jugador, los demás van a ganarle por “bad beat” muchas más veces que uno mismo a ellos, por la sencilla razón de que van a tener peor mano muchas más veces. Los jugadores expertos no lo dejan todo al azar, están en guerra con la suerte, despliegan sus habilidades para reducir al máximo el factor suerte, calculan como sacar el máximo partido a las manos que juegan y dejan la suerte para los rivales más débiles. Gracias a todos estos cálculos, ganan más veces que pierden. A la larga la suerte se iguala para todo el mundo. Los jugadores principiantes lo dejan todo en manos de la suerte, los jugadores expertos, sin embargo, desarrollan sus habilidades para minimizar las perdidas cuando tienen mala mano y maximizar las ganancias cuando tienen buena mano. Además, captan mejor que los otros cuando una buena mano no es la mejor o cuando una mala mano es la mejor. El poker no es un juego de azar, es un juego de habilidad.
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