Entrenaron mínimamente a uno de los grupos mientras que al otro lo mantuvieron sin preparación en el póquer. Estos debieron jugar partidas con un software, conocido como Wilson's Texas Hold'em. Y para su sorpresa, en un principio no vieron diferencias. Pero una vez que mejoraron y profundizaron el estudio de las manos en el juego, y se aplicaron conceptos de juego más avanzados, comenzaron a visualizar cambios notables en los resultados del grupo con mayor conocimiento. Se establecían por adelantado un máximo de partidas, exactamente 200 manos.
Para hacer más fuerte esta investigación, decidieron realizar una segunda experiencia, pero ya con una base de 720 manos a jugar. Y aquí sí ya no quedaron dudas. El grupo experimentado aplicó reglas avanzadas, utilizó estadísticas, principios matemáticos e incluso se valió de of outs, tácticas de juego como el pre flop, el flop, el turn y el river.
Finalmente se publicaron los resultados del trabajo en la Gambling Law Review, y concluyeron que "la razón por la cual el póquer parece ser un juego de azar es que la confiabilidad de cualquier sesión corta es baja". Señalaron que con su segundo estudio que simuló aproximadamente 30 horas de juego en un casino, la confiabilidad fue marcadamente mayor. Por este motivo pudieron determinar que "la suerte (factores aleatorios) oculta el hecho de que el póquer es un juego de habilidad. Sin embargo, como muestran estos estudios, las competencias son el factor determinante en el resultado a largo plazo".
Por lo tanto, no parece haber dudas ahora de que en los juegos rápidos, el azar y la suerte tiene mucho que ganar. Pero cuando las partidas son más largas, los jugadores profesionales o con mayor experiencia seguramente serán los que resulten beneficiados, ya que entran a jugar sus habilidades y, probablemente, llegarán a los premios antes que otros.